Clara Ventura - Psicolog�a

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El orden implicado y sus implicaciones sistémicas en la Educación.

 

Necesitamos ir más allá de los sucesos que se producen en cualquier proceso educativo, para poder ver los patrones básicos de actuación y aquellas estructuras subyacentes que los producen.

 

En la base de cualquier movimiento pedagógico esta la necesidad de que cada uno este en su lugar para desempeñar con eficacia y responsabilidad sus funciones en la vida. Esta premisa implica respetar el Orden natural – el orden implicado- que se da desde las mismas bases de las secuencias de los hechos, que van sucediéndose en la vida. Eso es lo que da el profundo derecho natural a pertenecer y desde ahí, y solo desde ahí, se construye el verdadero Autoconcepto y la Autoestima. A través de la seguridad que da el pertenecer, desde el lugar correcto y concreto. Solo desde ahí se puede construir el Autoconcepto real o vital, que viene ligado a nuestra existencia. Desde ese lugar es fácil respetar las, los ordenes de las cosas y de los otros, así como disciplinas que las relaciones implican.

 

Así el clima relacional debería estar solo sustentado por el orden natural implicado de las cosas, en los diferentes sistemas de pertenencia. Solo así se produce un auto-concepto de referencia claro y respetado por todos, desde un orden desplegado a partir de la realidad del acontecer de los hechos y no desde los intereses partidistas que se saltan los limites naturales de los acontecimientos, y van produciendo desorden, desde la exclusión o alteración del orden natural de las cosas.

 

El ser humano cuando se salta el orden natural de las secuencias de los hechos, produce un desorden manifestado o desplegado, que conlleva consecuencias disfuncionales en las relaciones, produciéndose, entonces, la falta de respeto, de disciplina, tensión emocional y múltiples síntomas de malestar psicobiológico y social; sustentándose ello, en Reconocer lo que No Es, como lo que es. Ya que el orden natural implicado, contiene y sostiene, desde su derecho natural o vital a pertenecer, a ese momento y entorno (tiempo/espacio) y es contenido, a su vez, desde un marco de referencia concreto. De ahí parten las coordenadas básicas de la existencia de cualquier ser humano, desde donde se sujetará el Autoconcepto y por ende la Autoestima Vital (esencial del ser).

 

Maslow, ya planteó la importancia para el ser humano de los conceptos de referencia y pertenencia, como necesidades básicas para la supervivencia psicológica del ser humano, después de las físicas.

 

El orden natural es, pues, la base física del vínculo, a través del Espacio/Tiempo. Desde donde los hechos quedan interconectados a un nivel, entrelazados en un orden natural de secuencia. De ahí, que la estructura de los vínculos se sostiene a través de un orden espacio-tiempo. Alterar estos conlleva una disfuncionalidad de los sistemas. Investigar y respetar esos ordenes naturales de relación de los hechos y su sostén o conexión con los vínculos afectivos - los llamados “ordenes del Amor” - es lo que el estudio de la pedagogía sistémica o la psicología sistémica pone de manifiesto en el ámbito de los hechos y relaciones dentro del campo educativo familiar y escolar; que afecta tanto a padres- hijos- profesores-escuela….Los alumnos expresan en el contexto educativo y social los trastornos de vinculación primaria que han establecido con los padres, a través de un “psicogrupo interiorizado” de estos vinculos y que es reflejado en sus posteriores relaciones y lazos afectivos de vinculación. Así las cualidades de sus vínculos primarios se van extendiendo a los otros planos y contextos de relación.

 

El psicogrupo interiorizado en el niño, como una profunda impronta es proyectado y desplegado a sus otras áreas de relación, más allá de las parentales. Y sobre todo, es desplegado, con gran intensidad, en el contexto relacional del aula; en la primera infancia, pero también después y en la adolescencia. Por ello, la psicología de la educación y la pedagogía sistémica, actualmente, son capaces de mirar a este “orden implicado parentalmente” y su repercusión en la escuela, a través de los conflictos o deficiencias relacionales, con trascendencia indirecta, también, en el rendimiento curricular, que se manifiesta en las aulas.


Los “trastornos o deficiencias de vinculación”, son órdenes que no obedecen a un orden desplegado coherente con el orden implicado de la vida, y conllevan manifestaciones patológicas o disfuncionales, para compensar las necesidades vinculativas generadas desde su impronta vincular particular en el grupo familiar primario. Por lo que desde el marco de la Pedagogía Sistémica se pueden observar los comportamientos y conflictos de los alumnos, desde sus causas sistémicas particulares y desde su orden desplegado. Reconociéndose desde ahí lo que es, la verdadera causa del desorden y pudiendo ser puesto en evidencia, es como podemos también intervenir sistémicamente, para restablecer el orden natural de las cosas.

 

Las causas profundas de tensión y conflictos de los sistemas de relación, son los “desordenes” que se dan en los sistemas primarios de relación: los familiares. Entendiendo como desordenes, los ordenes desplegados compensatorios que intentan incluir, otra vez, dentro del sistema, el orden natural implicado de los acontecimientos que subyacen en ese sistema relacional. Pero que por diversas razones, normalmente, sostenidas desde un proceso cognitivo de creencias, permitieron o causaron la exclusión de una parte o el desorden desplegado de una secuencia, al expulsar o esconder a miembros o hechos, pertenecientes a dichos sistemas familiares. La alteración de ese orden natural, con sus características básicas de vinculación, desde donde, como vemos, las implicaciones de autoreferencia y de pertenencia para el individuo, son las que dan el sentido referencial a su existencia, así como favorecen la inclusión de éste, a través de los “ordenes del amor” o los lazos afectivos, que conlleva la pertenencia a un sistema o grupo concreto. La “fidelidad referencial” o el ser fieles a las creencias y funcionamientos del grupo en el que estamos insertados, asegura, por tanto, la supervivencia a través de seguir perteneciendo. Cuando alguien rompe esta fidelidad referencial, puede sentir que deja de pertenecer a ese sistema y se excluye o bien es excluido por los otros miembros. Por lo tanto pertenecer, implica una fidelidad muy profunda a los referentes particulares de ese grupo. Seguramente, como una secuela de memoria biológica profunda, que aseguraba la supervivencia de la especie, pero que, en el caso de los humanos, ha transcendido al mundo de lo conceptual o cognitivo, desde donde ha sido contaminado y distorsionado, perdiendo su validez biológica, para la supervivencia; pero que no por ello, le impide dejar huellas profundas de disfuncionalidad en los lazos afectivos, produciendo graves desordenes en los llamados ordenes del amor.

 

Parece, por lo tanto, que estas dos necesidades básicas de supervivencia, típicamente humanas, que describió Maslow, conllevan una fuerza implícita de orden que hace que un miembro nacido con posterioridad a un auto o excluido, como consecuencia de sufrir una injusticia grave o por saltarse el marco referencial de identidad del sistema al que perteneció y pertenece, deja una fuerte tensión emocional inconsciente en este sistema familiar desordenado y desde la fuerza del marco referencial de actitudes y conductas, este nuevo miembro se vuelve a saltar este marco referencial de identidad familiar comportamental, en la dirección y con la función de darle un lugar, a través de él mismo, al miembro excluido. Con lo que todo ello conlleva de tensión latente en el sistema y a su vez, manifiesto en los miembros actuales, que sumadas estas tensiones, permiten eclosionar patologías de diversa índole, representativas del excluido.

 

Todo ello, parece, pues, conllevar a que estas dos necesidades básicas de vinculación humana o de impronta grupal, no permitan la pérdida o exclusión de ninguna parte de su historia referencial, a través de una fuerza de pertenencia inclusiva que da la vida y el orden natural de los hechos a través de ella.

 

La “restitución” parece ser una ley fundamental para que el orden implicado de la vida siga y si se ha alterado todo el sistema se resienta de forma latente y un miembro o varios, son los encargados de hacer emerger esa distorsión, para su restauración. La tendencia a la integración o esa fuerza inclusiva sistémica que va siendo cada vez mas evidente, en los diversos campos de conocimiento (física, meterología, biología, psicología, pedagogía…) o áreas de la vida, es lo que esta justificando esta nueva forma de mirar los sucesos, a través de un paradigma sistémico-fenomenológico. Desde donde cada nuevo miembro debe ocupar su lugar, pero para ello, antes debe restablecerse el orden implicado en su familia, por lo que algunos de sus miembros intentan sustituir o representar las partes ausentes o excluidas de dicho sistema. Ya que lo anterior va antes que lo posterior y lo posterior debe incluirse y sujetarse desde lo anterior y si hay desordenes deben restablecerse antes, para que cada uno pueda ocupar su lugar.

 

A través del modelo de constelaciones familiares emerge de forma clara el desorden instalado o desplegado a través de generaciones, en cada sistema familiar en concreto y además permite restaurar el orden natural implicado, mostrándolo y yendo hacia él, si se dan las condiciones adecuadas para ello. Estas son: “Mirar” de otra manera para poder ver lo que el dolor o la vergüenza excluyo, “Aceptar” es asumir sin juzgar, tomando lo que formo y forma parte de nuestro sistema de referencia y pertenencia grupal, y por último “Reconciliar” o integrar las partes excluidas y ocultas de la historia familiar y también de lo social grupal, dándoles su lugar y su espacio. Todo lo que quedo desintegrado o quedo separado en un pasado debe reintegrarse en el todo, de la unidad del sistema. Cada sistema debe formar una unidad de sentido, en un sistema mayor. Así bajo la fuerza de la “pertenencia “ se engloba el orden implicado de la vida.

 

 

NADA PUEDE PERMANECER DEMASIADO TIEMPO FUERA DE SU LUGAR SIN CAUSAR DAÑO.