Clara Ventura - Psicolog�a

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Una nueva forma de cuidar la vida: la Pedagogía Sistémica.

 

El fin, último y primero de la educación, es entenderla como un amplio aprendizaje que nos permita cuidar nuestra vida, con el fin de no impedir su deseo innato de desplegarse.       

 

La vida lleva de forma inherente su propio deseo de crecer y expandirse, aunque ello supone procesos y momentos expansivos  y otros contractivos. Al igual que lo es pulso del universo y de todo lo que se contiene en él. De ahí que educar conlleva el facilitar en cada momento una forma adecuada de expresión.

 

La vitalidad - vida que pulsa creciendo y aprendiendo a adaptarse – requiere, pues,  cuidar como se va desplegando en si misma, en sus diferentes formas y manifestaciones. Por lo tanto, “educar” esta profundamente ligado a cuidar esa vitalidad inherente que lleva crecimiento y eso es realmente aprendizaje natural innato para ir adaptándose.

 

Las propuestas educativas muchas veces no contemplan esta verdad en profundidad y sustituyen el “cuidado pedagógico” por perspectivas y programas curriculares, separados del individuo que los va contener, o bien se basan en intervenciones o planteamientos terapéuticos. Curar o aplicar una terapia no es tampoco propiamente educar. Educar para la vida, no es realmente resolver conflictos, es sentar las bases, las perspectivas desde otra mirada que cuide los contextos, así como a los individuos que se mueven en él, e intervenir en ellos desde una mirada más global y unitaria; desde una mirada sistémica. Educar es básicamente “Cuidar la vida de los Sistemas”, y  al hijo, alumno, individuo contenidos en ellos, como parte de la vida de ese sistema, de la que es un ser activo en continua interacción con el, desde su pertenencia a el y a sus marcos referenciales.

 

Cuidar el impulso vital y facilitar sus manifestaciones saludables es educar, y no será necesario hacer terapias. Los impulsos vitales regulan nuestra existencia, por lo tanto cuidarlos y encauzarlos correctamente, es realmente educar. Educar para la vida, es entrenar habilidades para la supervivencia física-psíquica-emocional y relacional. El impulso innato de vivir - la vitalidad palpitando - es tomar la vida a cada paso, es ir creciendo en ella, desarrollándonos, ocupando lugares y adaptándonos a ellos; los nuestros, por los que la vida nos hace transitar y nos lleva. Responder a ello, con salud - con vitalidad - es el verdadero éxito de una buena educación. Desarrollar habilidades innatas y aprendidas para obtener recursos disponibles, herramientas para la vida, es el éxito de la educación y de un proceso adecuado de crecimiento.

 

La salud educativa depende, pues, de no frenar esa vitalidad, ni ese deseo innato de crecer, de explorar la vida y aprender, desde lo físico-psíquico-mental-emocional y relacional. Y ayudar a que no se paralice esa vitalidad inherente en ninguno de los cuatro  planos, que están fuertemente relacionados, es la misión y la verdadera “bondad” o excelencia educativa.

 

Por ello, toda educación, sea cual fuere su metodología, debe tener su mirada en cuidar ese impulso vital de avance, que esta en la base del aprender y vigilar que no se paralice o pervierta en ningún plano. Potenciar y favorecer el despliegue de esta fuerza vital es en primer y en último término la verdadera misión de todo educador: padre, maestro, profesional, investigador, político… Hacer verdadera política educativa es cuidar que este impulso vital innato de estar despiertos a la vida que llevamos, no se duerma, se pare, se congele, se inhiba o peor aún, entre en un  proceso regresivo o de autodestrucción - el impulso vital destruyéndose a si mismo, la vida contra si misma-. Bloquear el despliegue inherente a la vida, desde sus diferentes expresiones y manifestaciones es en el fondo el miedo a la vida, a la diversidad de formas y manifestaciones, culturas, razas, conciencias, espacios….es el no permiso a Ser, a desplegarse desde esa unicidad que cada uno y cada cosa es, es el ir contra la vida y su proceso creativo. La vida no se controla, se la acompaña y se la cuida, adaptándonos a ella, desde una personalidad flexible, expansiva y abierta a los cambios; adaptándose a los espacios y tiempos que van desplegándose.

 

Observar las diferencias, los despliegues múltiples de un mismo espacio, los diferentes procesos que se pueden dar de una misma cosa, nos lleva a considerar cualquier parte de algo moviéndose y desplegándose desde su pertenencia a algo mas amplio, que lo transciende. Así la implicación sistémica de todo con todo, a través de la pertenencia a espacios y tiempos referenciales diversos, nos hace plantearnos la Unicidad de Todo y a la vez la Complejidad de sus despliegues particulares, condicionados, por los diferentes contextos, que a su vez, hacen de lentes de enfoque y desde ese mismo proceso y punto o foco de observación, lo condicionan y es condicionado por el.

 

Conservar y cultivar la flexibilidad de los sistemas educativos, su sensibilidad y sus inmensas potencialidades, donde están inmersos los seres humanos, es la propuesta educativa, que desde paradigmas sistémicos - fenomenológicos renovados, como los de Berth Hellinger, han permitido emerger una mirada más amplia, unas herramientas y unos conceptos diferentes, que se han englobado en lo que se ha llamado Pedagogía Sistémica. Este nuevo concepto y lo que lo denota, ha permitido y esta permitiendo observar aspectos y procesos que se dan en los espacios de aprendizaje, en conexión con los individuos, que son los que llevan la conciencia y el impulso vital para ello, para que puedan ser mirados, analizados, interpretados y tratados de otra manera.

 

Observar y estudiar los mecanismos, que constantemente regulan las necesidades internas de los seres humanos, a través de las diversas formas que va tomando ese impulso vital, frente a las presiones externas y mentales y su necesidad de sobrevivir – la vida pulsando para la vida -  es la intención profunda de la Pedagogía Sistémica. Enfocada a los niños y a sus procesos y espacios de aprendizaje, desde donde los sistemas parentales y transgeneracionales, a los que pertenece cada individuo, no pueden ser excluidos de esta observación  y análisis, ya que están profundamente implicados. Y esta labor pertenece a los educadores en su sentido más amplio.

 

Esta vitalidad o vida desplegándose, ha adoptado en esa interacción sistémica mecanismos que van a regular nuestra capacidad de adaptación y nuestras respuestas al medio, a todos los niveles.

 

Entender, pues estos mecanismos y respuestas adoptadas, desde la comprensión profunda de que es lo que esta interfiriendo en ese impulso vital hacia la vida: crecimiento-aprendizaje-adaptación, es la inquietud y el motor de avance de una Pedagogía Sistémica caminando y desplegándose;  y es la base de toda actitud realmente pedagógica.

 

Proteger ese impulso vital inherente a la vida, que es la base del aprendizaje y de sus mecanismos de adaptación a la vida, debe ser el propósito y el objetivo a conseguir de una Nueva Pedagogía, que vuelva a poner en un primer lugar a los individuos y no a los conocimientos. Ello exige un re-ordenamiento de toda la pedagogía anterior - como bien dice la Lda. Angélica Olvera (pionera y creadora de la Pedagogía sistémica CUDEC)

 

Hacer crecer y cuidar  los Conocimientos - entidades virtuales-, a costa de los Individuos, como portadores de vida, es quedar atrapados en un Matrix engulléndose a si mismo. Dejemos que la vida siga avanzando y sorprendiéndonos. Aprendamos a Mirar lo que la vida es en cada momento y lo que nos quiere enseñar. Traspasemos los límites de la Memoria y su Matrix y volvamos a recuperar el pulso de la Vida, sintiéndola y percibiéndola dentro y fuera de nosotros.

 

Traspasemos ya el tiempo y el espacio del “Pienso luego Existo(Descartes) al Pienso luego No Existo (Dr. Corbella):  desde los pensamientos no podemos sentir la vida que palpita en el cuerpo.

 

Dra. Mª Clara Ventura

Lda. En Filosofía y Ciencias de la Educación.

Doctora en Psicología Clínica por la Universidad de la Islas Baleares (UIB). Col. B-134